domingo, 27 de diciembre de 2009

"Vías verdes"

Existe un proyecto, anunciado en la página Web de "Sendero de Chile", en la que explica que se busca crear una ciclovía en la antigua vía férrea que existió entre Lonquimay y Lebu, que unía la cordillera de la actual Región de la Araucanía con la costa de la Región del Bío Bío, una verdadera "vereda histórica" de esta zona del país. Hace mucho tiempo que este tipo de proyectos ya se han hecho efectivos en España. He visto en la Internet cómo el gobierno de distintas provincias españolas han utilizado las abandonadas vías férreas, que pasan por lugares muy bonitos, para hacer los que llaman las "Vías verdes", o sea, justamente, que en donde la vía férrea ya no existe la faja ferroviaria sea utilizada para el cicloturismo.



Disfrutar de una vía exclusiva para el cicloturismo, sin el peligro de tener que compartir la ruta con vehículos motorizados, sería una gran cosa en estos lugares no urbanos, en los que el ferrocarril pasa por lugares más bonitos que los que se ven desde una carretera.

Ojalá estos proyectos se lleven a efecto y tengamos unas hermosas "Vías verdes" en Chile, en las que los cicloturistas puedan empaparse de una porción de historia y cultura locales.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Acercamiento y cicloturismo

A veces me quedo dormido pensando en que me gustaría visitar tal o cual lugar, pero es demasiado lejos para ir en bicicleta y regresar en uno o dos días, y volver a la rutina del trabajo. Quizás sería bueno que existiera un medio que me transportara a mí y a mi bici y permitiera hacer un "acercamiento" a aquella zona, luego bajar mi bici y desde allí viajar al sitio que quiero visitar. Es muy posible que haya muchos cicloturistas, como yo, que desearían los mismo.

Me atrae, por ejemplo, el recorrer la faja ferroviaria que perteneció al ferrocarril del ramal Pua a Lonquimay, aquí en la precordillera de la Región de la Araucanía, en donde mi padre trabajó como maquinista de la Empresa de Ferrocarriles del Estado, pero en el tren de la Fesub (de Victoria a Temuco, y viceversa) está prohibido subir bicicletas. El equipo del tren no está diseñado para transportar un vehículo personal de ese tamaño... Hay que llegar hasta las ciudades de Victoria o Lautaro y desde allí ir hasta Curacautín, para poder acceder a la que fue la vía férrea por la asfaltada ruta internacional. Si no hay alguien que te lleve la bici abordo de un vehículo motorizado, tienes que tener un par de semanas para hacer la travesía...

En Europa existe la posiblidad de transportar bicicletas en un vagón ferroviario especial para el efecto, aunque en España hay una batalla por lograr que la empresa ferroviaria, con el concurso del Gobierno, extienda ese servicio y no lo reduzca.



Ciclismo turístico: de bajo costo y limpio (ecológico) pero muy sacrificado si no hay cooperación del Estado y de los privados, quienes puedan proveer soporte a los cicloturistas y, de paso, tener un pequeño negocio relacionado con logística.

lunes, 16 de marzo de 2009

Licanco Chico, Metrenco y cerro Repocura

Manzanas "cabeza de niño"

Al fin llegó la esperada fecha de recolección de las manzanas "cabeza de niño", en el huerto de propiedad de doña Leudora Painén, en Licanco Chico. Hacían semanas tenía contactado a mi amigo Jaime con este fin, y la noche del reciente viernes 13 de marzo le llamé para recordarle del viaje. Nos encontramos a las 10:30 horas en el cruce de la Ruta Cinco Sur con el acceso a la ex Base Aérea Maquehue, punto de encuentro que ya se ha hecho habitual en nuestras salidas al Sur de la ciudad de Temuco. Tomamos la ahora asfaltada ruta alternativa por el interior de la Comunidad Licanco, hasta llegar al lugar en el que empalma con la calle lateral a la Ruta Cinco, en el sector Metrenco. Allí retrocedimos unas decenas de metros para trasladarnos al lado Oriente de la carretera, haciendo uso de la pasarela peatonal del lugar, para llegar unos cientos de metros más allá al sendero que cruza por debajo del viaducto que fotografié hace unos meses, en el cual conocí a la señora Leudora.

Después de anunciar nuestra llegada al lugar, con unos sonoros "¡Aló!", acompañados de los incesantes ladridos de varios perros, apareció la señora Painén. Venía del interior de su huerto, ya que se encontraba cosechando manzanas "limón". Le presenté a mi amigo Jaime, y, después de una conversación, y de la entrega de un obsequio a ella, nos adentró hacia el sitio en que se encontraba el árbol cargado de las grandes manzanas "cabeza de niño". Jaime se encaramó al manzano y desde la altura de sus ramas dejaba caer en mis manos las enormes frutas. Después de la recolección y de visitar otro sector del huerto con la señora Leudora, le pregunté a ella sobre sus ancestros y sobre quien era el cacique de la comunidad. Ella con orgullo señaló que su fallecido padre, don Nemesio Painén Calfumán, había sido cacique en el lugar; él había tenido dos esposas y once hijos. Doña Leudora recordó vivencias de su infancia, con su hermanos y hermanastros, como cuando ellos tenían la única "piscina" del lugar. Su padre limpiaba de maleza y de "pitranto" las orillas de la laguna que se formaba a los pies de su terreno ("Licanco: agua de la tierra"), y en sus limpias aguas se bañaban los niños.

La quinta de la señora Leudora

Como deseábamos continuar nuestro viaje en bicicleta, dejamos encargado nuestro cargamento de manzanas en la casa de la señora Leudora, el que recogeríamos al regreso de la excursión, a un lugar aún no determinado. Salimos hacia el Sur, con la intención de ingresar a la pequeña localidad de Metrenco, y recorrer alguno de los caminos que se adentran hacia el Este. Mientras avanzábamos hacia este primer destino, divisamos a nuestra izquierda un elevado promontorio rocoso en cuya cumbre se veían unas antenas de telecomunicaciones. Decidimos subir ese cerro y desde él tener una panorámica del valle. Entramos a Metrenco y tomamos el camino que un letrero indicaba a "Collahue" ("lugar de robles"), pensando que nos llevaría a las cercanías de aquel cerro. Luego de avanzar un par de kilómetros, salimos del camino ripiado e ingresamos por una senda que nos pareció que nos llevaría a la falda del promontorio, pero pronto se acabó y no había posibilidad de continuar por allí.

El "Repocura" desde el camino a Collahue

Regresamos al camino y continuamos pedaleando. Nos adentramos en un camino vecinal que llegaba hasta unas casas; al típico "¡Alóooo!" salió una señora que nos informó que por el camino a Collahue no hay acceso al cerro, que resultó llamarse "Repocura" ("camino de piedra", en mapudugún), y que para llegar hasta él debíamos ir... ¡a Metrenco!. Deshicimos el camino. Esta vez tomamos el camino que nace frente a la estación de ferrocarriles de Metrenco, el que nos llevó al sector "Chomío". A orillas del camino observamos el loteo "Santa Justa", con sus lindas casas. La polvorienta ruta nos acercaba más y más al cerro Repocura. Pasamos por el frente a una parroquia llamada "San Juan Bautista de Repocura" y a la escuela del lugar, ascendiendo una cuesta que nos "comió" las piernas. Allí el camino pasaba por detrás del cerro, por lo que decidimos regresar. Jaime bajó a toda velocidad y se adentró por un camino que pasaba por el lado de la escuela. Más adelante encontramos a un lugareño que no señaló en qué sitio estaba el camino de acceso al cerro. Con las señas indicadas encontramos el sitio y comenzamos la subida. Ya no pudimos seguir pedalando, por lo pronunciado del ángulo, y el ascenso fue lento hasta la cumbre.

Subiendo el Repocura

Observamos que el cerro fue dinamitado para lograr hacer un camino para vehículos de las empresas que contruyeron las antenas de telecomunicaciones, y al costado de este camino vimos una manisfestación de la formación del cerro, de quizás qué antigua época. Desde la cumbre vimos un espectáculo fantástico: el valle con sus inmuerables divisiones en pequeños predios, otro cerro al Norte del que habíamos subido; las cadenas montañosas al Norte y Oeste; en la lejanía la urbe de Temuco, con su cerro Ñielol y los aviones que venían a aterrizar y que despegaban del aeródromo de Maquehue, en Padre Las Casas; la "Cantera de Metrenco"; los volcanes Llaima y Villarrica, sin nieve; la Carretera Panamericana o Ruta Cinco Sur, etc.

Una vista hacia el Nor Noreste
Bajando el Repocura

Después de fotografiar el lugar y las hermosas vistas, de consumir una colación de galletas, leche y unas uvas, regresamos a la casa de la señora Leudora, recogimos el "cargamento" de manzanas, las repartimos entre dos mochilas y emprendimos un caluroso regreso a Temuco, con unos buenos kilos extras en nuestras espaldas.

Como acotó Jaime, otro cerro se añadió a nuestras conquistas. Ya habíamos subido el Lolol Mawida, y esta vez el Repocura; quizás qué otro destino nos espera en el futuro... la cordillera nos aguarda aún...

Jaime y yo bajando el cerro Repocura

sábado, 7 de marzo de 2009

Viejos puentes ferroviarios: uniéndonos con el pasado

Saliendo desde Padre Las Casas hacia el camino interior por Licanco

Cuando se viaja raudo por la carretera, sin posiblidad de detención para observar algo que nos atrae la atención, como cuando nos trasladamos de un sitio a otro en un bus, muchas veces decimos : "me gustaría estar allí", o "algún día visitaré aquel lugar". En mi caso particular, que me atraen las antiguas obras de arte ferroviarias, cuando he viajado al Sur de Temuco he visto los viaductos y puentes que cruzan los ríos y esteros de la zona. La mayoría de aquellas estructuras de piedra, ladrillo y acero son viejos monumentos de la ingeniería del siglo diecinueve, que datan de la época cuando se contruyó el tramo de la vía férrea que unió las ciudades de Temuco y Pitrufquén, obra concluida en el mes de noviembre del año 1898.

Bifurcación Licanco-Maquehue

El sábado 21 de febrero de 2009, sin más compañera que mi bicicleta, salí desde mi casa con destino al puente ferroviario sobre el estero Pelales, en las cercanías de la localidad de Freire, con previas detenciones, como en el sector de Licanco Chico, en casa de doña Leudora Painén (para ver el estado de madurez de las manzanas "cabeza de niño", que me ofreció hace unos meses atrás), luego pasando por el puente Pichi Quepe, y, posteriormente, por el Quepe y el Huilquilco.

En Licanco Chico encontré a la señora Leudora haciendo dulce de mora. Las manzanas estaban casi a punto pero aún les faltaba una pizca de maduración, así es que quedé invitado para el segundo sábado de marzo para realizar una cosecha de esa rica fruta. Después de conversar con ella sobre sus antepasados, y sobre el lugar en el que su familia ha vivido por muchísimo tiempo, me despedí de ella para continuar a mi destino. En una anterior ocasión había visitado el puente Pichi Quepe, pero no había buscado la información del año de fabricación de ese mecano ferroviario. Bueno, en esta oportunidad pasé nuevamente al lugar a ubicar el dato, encontrándolo en uno de sus extremos. El fabricante fue la siderúrgica "Schneider et Cie", de Le Creusot, Francia, y la placa indica que su confección fue en el año 1896.

El "Pichi Quepe" (Quepe Chico)

El Quepe

El puente sobre el río Quepe me vio pasar nuevamente rumbo al Sur. Al pasar frente al recinto de la ex estación de ferrocarriles de Quepe no pude dejar de sentir pena al observar que un gran letrero anuncia la venta del recinto... Me detuve e ingresé al sector del patio de maniobras, cubierto de pastizales. Observé con tristeza al centenario edificio de la estación, y pensé : "¡Cómo me gustaría ser un Farkas, para tener el dinero suficiente para comprar este terreno con su construcción y restaurarla, y hacer una especie de restaurante con aires ferroviarios y de colonos sureños!". Tomé varias fotos, por que llegará el día en que todo aquello habrá desaparecido y con la posible demolición nadie reconocerá el trabajo industrioso y experto de las manos de aquellos constructores, carpinteros y albañiles que se aventuraron en Araucanía, finalizando el siglo diecinueve, para realizar tan resistentes y características obras.

Ex estación Quepe
Saliendo del pueblo de Quepe

Salí de Quepe y continué mi pedaleo hasta encontrarme con mi primera meta: el puente Hulquilco. Quería obtener datos sobre su fabricación, pero no hallé información en ningún lugar de su estructura. A lo más, el óxido de la superficie y una desprendida piedra de coronación del estribo Sur, aparentemente sacada de su lugar por inescrupulosos. Saqué abundantes fotos del lugar. Mientras desde la línea férrea fotografiaba el puente, me di cuenta que una camioneta se detenía y bajaba de ella un hombre que tomaba mi bicicleta. No estaba a una distancia muy cercana, como para partir a socorrer a mi vehículo, pensando que se la iban a llevar, así es que le hice zoom a mi cámara fotográfica para capturar la placa patente de la camioneta, y así tener una prueba de los "cacos". En eso estaba, cuando me percaté que habían tomado mi bicicleta sólo para disponerla en un lugar fuera del sendero en el que la había dejado un rato atrás, con el sólo propósito de no aplastarla con el vehículo motorizado. ¡Uf! ¡Qué alivio! Pero decidí que nunca más dejaría abandonada a mi bici, a una distancia a la que la pierda de vista.

Puente Huilquilco
Pese al calor del día, continúe mi viaje hasta el puente Pelales. El letrero anunciando el Peaje carretero de Quepe a 1000 metros, anunció mi llegada al estero que da nombre a los puentes ferroviario y carretero del lugar. Me acerqué al viaducto, lo observé por todos lados y tampoco encontré la identificación del fabricante, sólo óxido. Aparantemente el Huilquilco y el Pelales no fueron fabricados por "Scheneider et Cie", ya que ellos eran orgullosos de sus obras y le ponían una placa identificatoria a todo lo que enviaban desde Francia al extranjero.

Llegando al sector del estero Pelales

Estero Pelales
Puente ferroviario Pelales
Un par de horas en el lindo paisaje del entorno, y a la sombra de la vegetación que se encuentra a la orilla de la vía férrea, me repusieron del calor del día. Recorrí el puente, de un lado al otro, saqué una buena cantidad de fotografías; observé los postes de rieles que aún soportan las podridas crucetas de madera con los aisladores de loza y vidrio verde que llevaban los "hilos" telegráficos del pasado. Me encaramé en la baranda del puente, y desde la altura imaginé los sonidos y las imágenes de sudorosos trabajadores que con pala y picota dieron forma al terraplén sobre el que se hizo el tendido de la línea férrea, hace más de cien años; un trabajo efectuado por aquellos "carrilanos", nunca bien reconocido o ni siquiera recordado.

Un trabajador de vías de ferrocarriles "rebautizó" al puente...
Una vista, desde la Ruta Cinco Sur

A las cinco de la tarde emprendí el retorno a mi hogar, sin antes grabar un pequeño vídeo. Misión cumplida. Adonde sueño ir, allí iré...

lunes, 8 de diciembre de 2008

Una vueltecita por Cajón y sector El Natre

Hoy sábado salimos mi "yunta" Jaime y yo, rumbo a Cajón. La tarde del domingo yo había estado observando con Google Earth un interesante sector ubicado entre la localidad de Cajón, al Norte de la ciudad de Temuco, y Carillanca, a unos diez kilómetros al Oriente de Cajón, camino a Vilcún. Le había enviado un mail proponiéndole una salida al lugar, para fotografiar unos puentes ferroviarios que se observan en la fotografía satelital. Una llamada telefónica confirmó la salida, quedando de encontrarnos en el "trébol" de la Avenida de Los Poetas. A las 10:10 AM estábamos en el lugar, prosiguiendo por esta arteria hacia la Avenida Barros Arana, la que nos llevaría hacia la localidad de Cajón, por el antiguo camino hacia el Norte. Luego de pedalear por poco más de una decena de kilómetros, llegamos al puente sobre el estero Pumalal en donde tomamos fotografías del lugar, en especial del antiguo puente ferroviario del tramo concluído en el mes de diciembre del año 1892.

Puente sobre el estero Pumalal

Busqué la placa identificatoria del constructor, encontrando que aquella fue extraída -robada- de la viga, lugar en donde se encontraba originalmente.

Allí estuvo alguna vez la placa identificatoria del fabricante del puente
Estero Pumalal, al Poniente de los puentes

Prosiguiendo, entramos a la pequeña localidad de Cajón yendo hacia el sitio en donde se encontraba la estación ferroviaria. Buscamos el lugar en donde debería haber estado una pequeña y antigua tornamesa para invertir el sentido de avance de las locomotoras, pero un vecino del lugar nos informó que aquella obra ya no existía. Tomé una foto a lo que queda de la estación, observándose que la bodega de carga está convertida en una casa habitación de dos pisos, con un pequeño almacén de comestibles.

Recinto estación de Cajón

Regresamos hacia el Norte de la localidad, encontrando los restos de la línea férrea del ramal que conducía a la localidad precordillerana de Cherquenco, por el cual, décadas atrás, se transportaba la madera de los ricos bosques ubicados allá. La faja de ferrocarriles sale del pueblo, ya sin durmientes ni rieles, rumbo al río Cautín. Allí se encuentra aún la estructura del viaducto que cruza el río. Fotografiamos desde distintos lugares este gran puente, cruzándolo de un extremo al otro. Su extremo Sur está interrumpido por la ruta asfaltada que conduce hacia las localidades de Vilcún, San Patricio y Cherquenco.

Puente ferroviario sobre el río Cautín, en Cajón

Nuestro deseo era proseguir con nuestras bicicletas por la faja ferroviaria rumbo a otro puente ferroviario a unos cinco kilómetros al Oriente, pero fue imposible, debido a lo tupido de la maleza que la cubre.
Jaime fotografía una culebra muerta, sobre la faja ferroviaria que no pudimos recorrer

La culebra muerta

Tuvimos que continuar por la ruta asfaltada, hasta que encontramos un camino lateral que nos acercaría a la antigua ruta ferroviaria.

Un lindo camino ripiado y sin tránsito alguno nos condujo al sitio de la antigua obra de arte ferroviaria. El puente hoy consiste en los estribos de concreto, ya sin las vigas de acero ni nada más, sólo quedando las huellas de los lugares en los que estuvieron depositados los durmientes que soportaron los rieles. Allí procedimos a consumir parte de nuestro refrigerio. Recorrimos el solitario lugar y proseguimos por una ruta interior que nos comunicó con el lugar El Natre. En un encuentro de caminos Jaime divisó un papel pegado en un árbol, el que resultó ser la publicidad para un torneo de Rayuela, con los premios respectivos. Interesante es enterarse de cuáles son las entretenciones de los campesinos residentes. Desde aquel lugar accedimos nuevamente a la ruta asfaltada, pasando por la pequeña escuela rural llamada naturalmente "El Natre".

El lugar en el que se halla el resto de la estructura de un puente ferroviario

Camino interior, sector El Natre

Rumbo al Water Slide Park

Continuamos unos kilómetros más, pasando por la Estación Experimental INIA Carillanca, y llegando al frente del "Water Slide Park", lugar de recreación carecterizado por la figuras de dinosaurios. Allí descansamos y nos hidratamos; consumimos otros alimentos energéticos y emprendimos el regreso por la misma ruta por la que habíamos llegado hasta allí.

Acceso al Water Slide Park

Llegando a una intersección de caminos, decidimos continuar por otro, con la indicación de un lugareño que circulaba por el lugar. El camino era el resto de la faja ferroviaria que nacía en la localidad de Cajón, y nos llevó al sector Santa Rosa, en el que encontramos la ruta asfaltada que conduce a Padre Las Casas. Continuamos este camino, que bordeando el by pass y el río Cautín nos llevó al encuentro con la gran estructura ferroviaria sobre aquel río que separa a las comunas de Temuco y Padre Las Casas.

Camino a Padre Las Casas, sector Santa Rosa

Río Cautín, rumbo a Padre Las Casas

En Padre Las Casas, puente ferrovario sobre el río Cautín, al sur de Temuco

Poco más de cincuenta kilómetros, en cinco horas de viaje, fue el raid efectuado este día. Los lugares que más entretenido encontramos fueron el camino por el sector El Natre y el sitio en el que se hallaban los restos del puente ferroviario. Ésta fue otra gran oportunidad aprovechada para conocer lugares cercanos a la ciudad de Temuco.

Alineación al centro

lunes, 1 de diciembre de 2008

Visitando la cantera de Metrenco

Cuatro fines de semana sin salir ya era demasiado. Me decidí a realizar un visita a la antigua cantera ubicada en las cercanías de Metrenco, con o sin compañía. Mi decisión estaba basada fundamentalmente en el aliciente o motivación que me viene provocando la bitácora de Gustave Verniory, conocida en un libro titulado "Diez años en Araucanía 1889-1899". Lo he leído y releído en varias oportunidades, llevando mi mente hacia más de 100 años atrás, cuando mi bisabuelo José Acuña Urrutia trabajaba de albañil, teniendo yo casi la certeza absoluta de que él trabajó en la construcción de edificios y otras obras ferroviarias, durante la permanencia del ingeniero Verniory en Araucanía.

El sector de la cantera era conocido desde fines del siglo diecinueve como Quinquer. Por allí se había planificado el trazado ferroviario, a través de la selva, pero en la ruta se encontraba un inmenso promontorio rocoso que bloquearía el paso de la línea férrea hacia el Sur, por lo que se decidió hacer una excavación y perforar la roca para hacer un túnel ferroviario. El resto de la historia la comento en mi otro blog.

La lectura de la bitácora de Verniory, en lo relacionado con la excavación en Quinquer, me hizo preparar el viernes 28 de noviembre por la noche mi "cocaví" (derivada de una palabra del idioma quechua, que significa "alimento para viaje") y los demás aperos relacionados con un tour fotográfico al lugar. El sábado por la mañana, después de revisar mi bicicleta, lubricar la cadena y otras partes móviles, inflar las ruedas con la debida presión, salí sin compañía alguna desde mi hogar rumbo al sur hacia la ruta que ya he recorrido en otras dos oportunidades. El viernes había estado lloviendo, y el pronóstico del tiempo señalaba que el sábado 29 de noviembre sólo tendría chubascos por la mañana. Si llovía un poco no me importaba, porque igual saldría a pedalear, pero para mi deleite amaneció completamente despejado, y el resto de la jornada estuvo caluroso y con mucha radiación ultravioleta. El camino interior de la Comunidad Mapuche de Licanco está ya completamente asfaltado, y estaban rociando alquitrán sobre la mitad de la carpeta de rodado; ¡Qué diferencia a como la encontré hace un par de meses atrás, cuando el ripio suelto consumió casi todas mis energías¡ Este camino empalma con la "calle de servicio" o llamada también "vía local", que conduce a las localidades de Metrenco y Quepe. Una vez que entré a esta vía me desplacé como un kilómetro hasta la pasarela que queda frente al sector de la cantera, cuya excavación no es posible ver desde la ruta. Crucé a través de ella hacia el lado oriente de la Ruta Cinco y comencé a buscar un camino o senda que me condujera hacia la excavación. En eso andube como dos kilómetros hacia el Norte, hasta un punto en que la carretera y la vía férrea se acercan y existe un sendero que permite el acceso a la línea del ferrocarril. Comencé a recorrer, soibre ella, ahora hacia el Sur, y a través de los durmientes, el camino que me llevaría hacia la cantera misma. Ya había visto imágenes satelitales que me dieron una visual de cómo era aquel sector, así es que me dediqué a pedalear lo que más pude, pero era incómodo ir rebotando en cada durmiente, así es que me bajé de mi "corcel" y recorrí unos centenares de metros caminando. En eso estaba, cuando aparece ante mi vista un pequeño viaducto que cruza por sobre una senda que comunica dos sectores de tierras indígenas. Son las 12:30 horas. Encuentro interesante fotografiar esta obra ferroviaria y busco bajar desde la altura del terraplén hacia aquel sendero. Hallo el lugar y comienzo una empinada bajada, muy húmeda aún después de las lluvias, que me llevará al encuentro con la base del viaducto.


Observo que es una obra bastante antigua, pero de muy buena factura. La fotografío desde un lugar y luego desde otro ángulo. Para mitigar el calor abro mi mochila, extraigo una botella de 2 litros con una preparación de agua con "Zuko Go!", y me tomo unos tragos de aquel líquido. Estoy guardando mi vaso y la botella cuando en eso aparece una mujer mapuche que me pregunta muy seria: "Anda en algo bueno o en algo malo". Me acerco suavemente hacia ella, me saco mi casco de ciclista y la saludo diciéndole que ando en busca de lugares e historias relacionadas con mis antepasados. A la voz de antepasados comenzó entre ambos una conversación tremendamente interesante y muy amena. La señora resultó llamarse Leudora del Carmen Painén, quien me relata historias de su infancia en aquel lugar (Licanco Chico), y, para mi agrado, recuerda historias de cuando en el invierno pasaba el tren con locomotoras a vapor, ella con sus hermanitos hacían señas y pedían a los tripulantes de la máquina que les dejaban caer carbón mineral para que se calefaccionaran. La señora Leudora me cuenta que el tren de carga paraba y el "conductor" (como ella dice) tiraba aquel combustible fósil con una pala larga. También les pedían dulces, y en una oportunidad los ferroviarios de la locomotora les lanzaron un regalo: una inmensa bolsa de caramelos "Ambrosoli". Cuando ella menciona aquello, meto mi mano derecha al bolsillo de mi pantalón y saco dos caramelos de aquella marca, que portaba para dar carbohidratos a mis músculos, extiendo mi mano regalándoselos y me los recibe. Eso "derritió" el resto del hielo que quedaba. Estuve conversando con aquella esforzada mujer cerca de una hora. Me invitó a conocer el lugar en el que vive, que resultó ser muy acogedor y limpio. Tenía un pequeño jardín, bien cuidado, con árboles frutales y ornamentales. La razón de que ella apareciera a interrogarme era por las continuas promesas incumplidas, hechas por personeros, aparentemente del Ministerio de Obras Públicas o de Vialidad, relacionadas con un camino que les pudiera conectar con la ruta hacia Temuco, lo que no ocurre porque en la planificación de la nueva Ruta Cinco Sur no se contempló para la comunidad indígena del sector una salida apropiada, quedando "encerrados" en aquel sitio. Doña Leudora me dejó invitado para ir en el verano a cosechar manzanas "cabeza de niño" y de otras clases que tiene en su terreno. Al despedirme, para continuar hacia mi destino, le pedí permiso para poderme fotografiar junto a ella. Accedió amablemente, pero antes, y como corresponde a todo el género femenino, sin importar raza o cultura, se arregló su cabello para salir bien presentada.

El autor de este blog y doña Leudora Painén

Fue una experiencia muy enriquecedora, y me gustaría regresar allí para regalarle una copia de la fotografía que capté, llevarle una bolsa de caramelos "Ambrosoli" y, como recuerdo de nuestro coloquio ferroviario, unas piedras de carbón, que ella hechaba tanto de menos. Emprendí nuevamente la marcha por la línea del ferrocarril, persiguiéndome una jauría de perros por un buen trecho, llegando a la altura de la cantera a las 13:45 horas. Lo que más me impactó presenciar fueron las ruinosas estructuras de lo que fue la planta chancadora para producir balasto, o sea, la piedra sobre la que se depositan los durmientes de la línea férrea. No esperaba encontrar aquello, y fue una delicia para este arqueólogo frustrado.

Casa de máquinas y planta de chancado

Estuve en aquel lugar cerca de cuatro horas, recorriendo todo el sitio para fotografiar las antiguas estructuras. Mi interés de estar allí era fotografiarme en el túnel que allí existe, al estilo de la fotografía que aparece en el mencionado libro de Gustave Verniory. Estuve esperando a que terminaran las faenas en la cantera, ya que estaba trabajando una retroexcavadora y habían unos operarios que manipulaban un barreno neumático. Mientras esperaba aquella ocasión, me dediqué a comer parte de mi "cocaví": un par de plátanos, huevos duros, sandwichs y "Zuko Go!".

Al retirarse del lugar aquellas personas, monté en mi bicicleta y me adentré en la cantera en búsqueda del túnel descrito por Verniory, pero no lo encontré por ningún lado. ¡Qué decepción! Di vueltas por todos lados, salí de la cantera, dí una vuelta por el lado norte en búsqueda de lagún vestigio, pero nada... Lo encontré insólito. Decepcionado, después una larga búsqueda, tomé rumbo por el camino que me llevaría hacia la carretera. Estaba en eso cuando veo una camioneta de color burdeos, que antes había observado en el interior de la cantera. El vehículo estaba estacionado y había un hombre que estaba poniendo un candado a la barrera que impide el paso a la cantera desde el Sur. Me acerco y le explico lo que andaba buscando. Me responde que la entrada al túnel quedó cerrado el día viernes por un derrumbe, y que ese acceso estaba ubicado al lado de un refugio en el acceso a la cantera... Le agradezco la información y regreso al lugar. Claro, ahí estaba notoriamente el derrumbre fresco. Me encaramo por las rocas, pero no se observa ningún vestigio de la entrada al antiguo túnel de Verniory... Me retiro hacia el Sur nuevamente, subiendo por el camino que pasa por el frente de las ruinas de la gran planta chancadora. En la altura veo una casa de dos pisos hecha de bloques de piedra. Hay un niño en el cerco de madera y le pregunto si sabe de un túnel que hay en el lugar. Me dice que no sabe. Observo que hay un par de hombres jóvenes que están preparando el fuego, al parecer, para un asado. Me acerco hacia ellos y me observan con desconfianza. Les informo en lo que ando y les consulto sobre el asunto. Me responden con poco vocabulario. Uno de ellos se aparta, y el que queda me dice que la salida del túnel está en frentre de la planta chancadora. Agradezco el dato, me monto en la bicicleta y regreso nuevamente al lugar. Observo detenidamente la ladera del cerro hasta que logro distinguir entre la maleza, lianas y otra vegetación la estructura curva del acceso de un túnel; pero está bloqueado por un derrumbre de tierra, o quizás haya sido taponeado adrede.

Saco fotografías; despejo de vegetación lo que más puedo y saco más fotografías. Ahora estoy más reconfortado: he descubierto una parte de aquel antiguo túnel. No he logrado el objetivo de recorrer la excavación que recorre el interior del cerro, pero, al menos, sé que allí está la obra descrita por Gustave Verniory.

Mi viaje en bicicleta me llevó, finalmente, hasta el pequeño puente ferroviario que cruza las lentas aguas del estero que da nombre al lugar: "Metrenco" ('aguas lentas'). Llego al recinto de la ex estación, veo el edificio de la bodega en que trabajó mi abuelo a principios del siglo veinte y emprendo el regreso a casa.

Ocho horas después de haber salido de mi casa estoy llegando a mi hogar, siendo saludado por mi fiel perro "Ringo".
Licanco Grande a Metrenco, por la línea férrea.

Corolario: Tendré que regresar al lugar, ojalá acompañado, para visitar a doña Leudora Painén, y para ver si fue despejada la boca del túnel de la cantera, en donde quiero obtener una fotografía al estilo de la que aparece en el libro "Diez años en Araucanía 1889-1899".