lunes, 11 de enero de 2010

Pasajes a Melipeuco y pedaleo a Conguillío

Hacen bastantes meses que teníamos en mente salir con Jaime al sector cordillerano de la zona en que residimos. Lamentablemente las vacaciones de ambos no coincidieron este año, por lo cual lo único que podíamos hacer era realizar un viaje relámpago de un fin de semana. Nos pusimos de acuerdo y el sábado 9 de enero ya estábamos antes de las 8 AM en el Terminal de Buses Rurales de Temuco. No nos querían subir las bicicletas, pese a que teníamos pasajes comprados hasta la localidad de Melipeuco. La excusa era que ya estaban los maleteros repletos, pero de tanto insistir y perseguir al auxiliar del bus, nos abrió un portamaletas en el que perfectamente cupieron las dos bicis, a las que desmontamos la rueda delantera y el sillín. Los auxiliares de los buses rurales se dan importancia excesiva y tramitan de más a pasajeros no frecuentes. El costo del pasaje fue de $ 1.500 por persona, más $ 2.000 por sobreequipaje (por cada bici).

La hora de salida del bus era a las 8 AM, pero íbamos saliendo lentamente del terminal recién a las 8:15. El viaje fue más largo de lo previsto, ya que el bus salió en varias oportunidades de la ruta asfaltada, para introducirse a caminos de ripio y dejar pasajeros en pequeños villorios o simplemente cerca de sus casas en pleno campo. Llegamos a Melipeuco a las 11:20 horas. Allí armamos nuestras bicis, compramos pan fresco y una botella de agua mineral, para luego comenzar nuestro pedaleo hacia el fin de la localidad y adentrarnos en el camino ripiado hacia el Parque Nacional Conguillío. Estábamos saliendo de la localidad cuando sonó la sirena del Cuerpo de Bomberos, que anunciaba las 12 del día.

Reparando un pinchazo rueda delantera

Unos dos kilómetros antes de llegar al letrero que anuncia la entrada al Parque Nacional, desde un costado de la ruta, un hombre nos ofrece disfrutar de un jugo natural de frambuesa o frutilla. Yo me detengo e invito a Jaime a refrescarse. El hombre (don Pedro) resultó ser un ex soldado conscripto del Regimiento Tucapel de Temuco (como Jaime y yo), quien entró a hacer su servicio militar cuando nosotros estábamos saliendo licenciados (año 1986). Fue un buen momento para recordar apodos de los suboficiales y oficiales de aquella época. Don Pedro nos sugirió que entráramos al Parque por el Sendero de Chile, no por el camino. Le hicimos caso y vimos el espectacular paisaje de la quebrada del río Truful Truful, con los vestigios de las inmumerables erupciones del volcán Llaima, de quizás cuántos milenios atrás. En un solitario mesón cubierto, especial para descansar y comer, nos preparamos unos potes de tallarines, que están listos en sólo 5 minutos. Fue bien reponedor.

Acceso al Parque Nacional Conguillío

Quebrada del río Truful-Truful

Mi firme y pesada bicicleta, con doble suspensión, más mi antigua mochila con armazón de aluminio, y el poco entrenamiento de estos últimos meses, conspiraron para que el viaje de una larga ascención al Parque fuera una larga tortura para mis piernas. Llegamos a las cercanías de la Laguna Verde aproximadamente a las 19:10 horas. Los dos amigos ciclistas lo único que querían era armar el campamento, por lo que tras recorrer una primera huella de vehículos motorizados y descubrir que no llegaba a ningún lado, nos internamos rumbo al Norte entre dunas de escoria volcánica. No llegábamos nunca a la ansiada Laguna Verde, por lo que decidimos quedarnos en un lugar protegido de la vista. Después de instalar la carpa y dejar amarradas las bicis, salimos en búsqueda de la famosa laguna. Para no perder el lugar en donde había quedado nuestro campamento, tomamos como referencia un gran ñirre (típico árbol cordillerano) que se alineaba justo con un pino y la carpa, en dirección SSE. Continuamos nuestra caminata por entre dunas de escoria y pequeñas quebradas dejadas por el curso de aguas que corren por el sector en tiempo de abundancia de lluvias o de deshielo, hasta que por fin avistamos la laguna, que es verdaderamente VERDE... Luego de recorrer el lugar y fotografiar, decidimos regresar. Estaba el crepúsculo en su esplendor y no pudimos hallar el famoso ñirre. Todo el paisaje se confundía en un solo color oscuro, hasta que Jaime divisa la carpa y descubre que en las cercanías hay agua que corre cristalina por encima de guijarros. Hasta la vistosa carpa se confundía con el paisaje, con la llegada de la penumbra... Fue un alivio ver nuestras pertenencias. Calentamos agua, nos preparamos una leche y disfrutamos de un par de sandwichs con dulce de membrillo. Pasadas las 10 PM ya estábamos dentro de nuestros sacos de dormir. Jaime no aguantó más de cinco minutos y comenzó a roncar, seña inequívoca de su dormir.

Feliz encuentro de nuestro campamento

La madrugada del día domingo fue fría, me puse un gorro de lana. Sentí a Jaime levantarse y salir de la carpa; yo seguí mi sueño reparador. Me levanté alrededor de las 9:45; Jaime lo había hecho como a las ocho. Salí de la carpa y mi amigo me sorprende tomándome una foto. Me aseo en la corriente de agua y disfruto de la frescura reponedora, que me despierta completamente.

Aseo matutino (nótese el color del brazo izquierdo)

No tomamos desayuno, si no que nos fuimos de exploración. El paisaje cordillerano allí es espectacular, especialmente por el volcán Llaima, al que no cubría nube alguna y brillaba con el Sol que alumbraba desde el Este.

El Llaima, por la mañana

Un pozón, extensión Sur de la Laguna Verde

Al regreso comimos un par de sandwichs de jurel y nos hidratamos con Zuko Go!. Desarmamos el campamento y partimos de aquel bello lugar a las 2 PM. Necesitábamos regresar a Melipeuco para poder viajar de regreso hasta Temuco esa misma tarde, pues Jaime debía trabajar el lunes. En la caseta del guardaparque nos despedimos de él y continuamos hasta el sitio en donde vive don Pedro. Pasamos a tomar otro jugo y nos ofreció un excelente mote con huesillos, que nos alimentó y refrescó. Realmente la hora, con el Sol en su esplendor, no era la mejor para andar en bicicleta, pero teníamos que hacerlo para alcanzar el bus.

Incio del regreso a Melipeuco

En la caseta del guardaparque

Llegamos al cruce con el camino que conduce a la fronteriza Icalma a las 16:15 horas, y a la entrada de Melipeuco diez minutos más tarde.

Llegando a Melipeuco

Con las indicaciones recibidas de parte de don Pedro buscamos el lugar desde donde salía el bus hacia Temuco. Lo ubicamos pero no había bus. Pregunté a unos niños, quienes me dieron otra dirección. En el lugar indicado había un bus, pero salía el día siguiente... Por otra calle pasa un bus de la empresa que nos transportó hasta allí el día anterior, Jaime lo persigue en bici, pero no llegó hasta el lugar desde el cual inicia su recorrido por el pueblo. Decidimos descansar a la sombra de los árboles de la plaza, frente a la Avenida Pedro Aguirre Cerda. A las 17:30 horas llega el bus hasta un paradero. Me acerco al auxiliar del bus y le digo que somos dos pasajeros que ne necesitamos llevar nuestras bicicletas. Me responde cortante que no tiene espacio para transportarlas, se sube al bus y éste inicia su marcha. Más allá Jaime lo hace parar, se detiene, se baja el auxiliar y abre el gran maletero trasero ¡completamente desocupado!... Le comento al auxiliar que él me había dicho que no había espacio, pero responde con silencio. Cargamos nuestras bicicletas y mochilas, subimos al bus y nos acomodamos en los asientos, el bus está casi vacío... Mala onda la de los auxiliares de los buses rurales, al menos de esa empresa que hace aquel servicio. Pagamos nuestros pasajes y el sobreequipaje. Llegamos a la comuna de Padre Las Casas a las 19:30 horas, nos despedimos frente a mi casa y Jaime prosiguió su regreso hasta su casa en el sector Santa Elena de Maipo. Desarmar mochila y otros menesteres propios del regreso al hogar ocuparon mi tiempo el resto de la tarde. ¡Misión cumplida!

domingo, 27 de diciembre de 2009

"Vías verdes"

Existe un proyecto, anunciado en la página Web de "Sendero de Chile", en la que explica que se busca crear una ciclovía en la antigua vía férrea que existió entre Lonquimay y Lebu, que unía la cordillera de la actual Región de la Araucanía con la costa de la Región del Bío Bío, una verdadera "vereda histórica" de esta zona del país. Hace mucho tiempo que este tipo de proyectos ya se han hecho efectivos en España. He visto en la Internet cómo el gobierno de distintas provincias españolas han utilizado las abandonadas vías férreas, que pasan por lugares muy bonitos, para hacer los que llaman las "Vías verdes", o sea, justamente, que en donde la vía férrea ya no existe la faja ferroviaria sea utilizada para el cicloturismo.



Disfrutar de una vía exclusiva para el cicloturismo, sin el peligro de tener que compartir la ruta con vehículos motorizados, sería una gran cosa en estos lugares no urbanos, en los que el ferrocarril pasa por lugares más bonitos que los que se ven desde una carretera.

Ojalá estos proyectos se lleven a efecto y tengamos unas hermosas "Vías verdes" en Chile, en las que los cicloturistas puedan empaparse de una porción de historia y cultura locales.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Acercamiento y cicloturismo

A veces me quedo dormido pensando en que me gustaría visitar tal o cual lugar, pero es demasiado lejos para ir en bicicleta y regresar en uno o dos días, y volver a la rutina del trabajo. Quizás sería bueno que existiera un medio que me transportara a mí y a mi bici y permitiera hacer un "acercamiento" a aquella zona, luego bajar mi bici y desde allí viajar al sitio que quiero visitar. Es muy posible que haya muchos cicloturistas, como yo, que desearían los mismo.

Me atrae, por ejemplo, el recorrer la faja ferroviaria que perteneció al ferrocarril del ramal Pua a Lonquimay, aquí en la precordillera de la Región de la Araucanía, en donde mi padre trabajó como maquinista de la Empresa de Ferrocarriles del Estado, pero en el tren de la Fesub (de Victoria a Temuco, y viceversa) está prohibido subir bicicletas. El equipo del tren no está diseñado para transportar un vehículo personal de ese tamaño... Hay que llegar hasta las ciudades de Victoria o Lautaro y desde allí ir hasta Curacautín, para poder acceder a la que fue la vía férrea por la asfaltada ruta internacional. Si no hay alguien que te lleve la bici abordo de un vehículo motorizado, tienes que tener un par de semanas para hacer la travesía...

En Europa existe la posiblidad de transportar bicicletas en un vagón ferroviario especial para el efecto, aunque en España hay una batalla por lograr que la empresa ferroviaria, con el concurso del Gobierno, extienda ese servicio y no lo reduzca.



Ciclismo turístico: de bajo costo y limpio (ecológico) pero muy sacrificado si no hay cooperación del Estado y de los privados, quienes puedan proveer soporte a los cicloturistas y, de paso, tener un pequeño negocio relacionado con logística.

lunes, 16 de marzo de 2009

Licanco Chico, Metrenco y cerro Repocura

Manzanas "cabeza de niño"

Al fin llegó la esperada fecha de recolección de las manzanas "cabeza de niño", en el huerto de propiedad de doña Leudora Painén, en Licanco Chico. Hacían semanas tenía contactado a mi amigo Jaime con este fin, y la noche del reciente viernes 13 de marzo le llamé para recordarle del viaje. Nos encontramos a las 10:30 horas en el cruce de la Ruta Cinco Sur con el acceso a la ex Base Aérea Maquehue, punto de encuentro que ya se ha hecho habitual en nuestras salidas al Sur de la ciudad de Temuco. Tomamos la ahora asfaltada ruta alternativa por el interior de la Comunidad Licanco, hasta llegar al lugar en el que empalma con la calle lateral a la Ruta Cinco, en el sector Metrenco. Allí retrocedimos unas decenas de metros para trasladarnos al lado Oriente de la carretera, haciendo uso de la pasarela peatonal del lugar, para llegar unos cientos de metros más allá al sendero que cruza por debajo del viaducto que fotografié hace unos meses, en el cual conocí a la señora Leudora.

Después de anunciar nuestra llegada al lugar, con unos sonoros "¡Aló!", acompañados de los incesantes ladridos de varios perros, apareció la señora Painén. Venía del interior de su huerto, ya que se encontraba cosechando manzanas "limón". Le presenté a mi amigo Jaime, y, después de una conversación, y de la entrega de un obsequio a ella, nos adentró hacia el sitio en que se encontraba el árbol cargado de las grandes manzanas "cabeza de niño". Jaime se encaramó al manzano y desde la altura de sus ramas dejaba caer en mis manos las enormes frutas. Después de la recolección y de visitar otro sector del huerto con la señora Leudora, le pregunté a ella sobre sus ancestros y sobre quien era el cacique de la comunidad. Ella con orgullo señaló que su fallecido padre, don Nemesio Painén Calfumán, había sido cacique en el lugar; él había tenido dos esposas y once hijos. Doña Leudora recordó vivencias de su infancia, con su hermanos y hermanastros, como cuando ellos tenían la única "piscina" del lugar. Su padre limpiaba de maleza y de "pitranto" las orillas de la laguna que se formaba a los pies de su terreno ("Licanco: agua de la tierra"), y en sus limpias aguas se bañaban los niños.

La quinta de la señora Leudora

Como deseábamos continuar nuestro viaje en bicicleta, dejamos encargado nuestro cargamento de manzanas en la casa de la señora Leudora, el que recogeríamos al regreso de la excursión, a un lugar aún no determinado. Salimos hacia el Sur, con la intención de ingresar a la pequeña localidad de Metrenco, y recorrer alguno de los caminos que se adentran hacia el Este. Mientras avanzábamos hacia este primer destino, divisamos a nuestra izquierda un elevado promontorio rocoso en cuya cumbre se veían unas antenas de telecomunicaciones. Decidimos subir ese cerro y desde él tener una panorámica del valle. Entramos a Metrenco y tomamos el camino que un letrero indicaba a "Collahue" ("lugar de robles"), pensando que nos llevaría a las cercanías de aquel cerro. Luego de avanzar un par de kilómetros, salimos del camino ripiado e ingresamos por una senda que nos pareció que nos llevaría a la falda del promontorio, pero pronto se acabó y no había posibilidad de continuar por allí.

El "Repocura" desde el camino a Collahue

Regresamos al camino y continuamos pedaleando. Nos adentramos en un camino vecinal que llegaba hasta unas casas; al típico "¡Alóooo!" salió una señora que nos informó que por el camino a Collahue no hay acceso al cerro, que resultó llamarse "Repocura" ("camino de piedra", en mapudugún), y que para llegar hasta él debíamos ir... ¡a Metrenco!. Deshicimos el camino. Esta vez tomamos el camino que nace frente a la estación de ferrocarriles de Metrenco, el que nos llevó al sector "Chomío". A orillas del camino observamos el loteo "Santa Justa", con sus lindas casas. La polvorienta ruta nos acercaba más y más al cerro Repocura. Pasamos por el frente a una parroquia llamada "San Juan Bautista de Repocura" y a la escuela del lugar, ascendiendo una cuesta que nos "comió" las piernas. Allí el camino pasaba por detrás del cerro, por lo que decidimos regresar. Jaime bajó a toda velocidad y se adentró por un camino que pasaba por el lado de la escuela. Más adelante encontramos a un lugareño que no señaló en qué sitio estaba el camino de acceso al cerro. Con las señas indicadas encontramos el sitio y comenzamos la subida. Ya no pudimos seguir pedalando, por lo pronunciado del ángulo, y el ascenso fue lento hasta la cumbre.

Subiendo el Repocura

Observamos que el cerro fue dinamitado para lograr hacer un camino para vehículos de las empresas que contruyeron las antenas de telecomunicaciones, y al costado de este camino vimos una manisfestación de la formación del cerro, de quizás qué antigua época. Desde la cumbre vimos un espectáculo fantástico: el valle con sus inmuerables divisiones en pequeños predios, otro cerro al Norte del que habíamos subido; las cadenas montañosas al Norte y Oeste; en la lejanía la urbe de Temuco, con su cerro Ñielol y los aviones que venían a aterrizar y que despegaban del aeródromo de Maquehue, en Padre Las Casas; la "Cantera de Metrenco"; los volcanes Llaima y Villarrica, sin nieve; la Carretera Panamericana o Ruta Cinco Sur, etc.

Una vista hacia el Nor Noreste
Bajando el Repocura

Después de fotografiar el lugar y las hermosas vistas, de consumir una colación de galletas, leche y unas uvas, regresamos a la casa de la señora Leudora, recogimos el "cargamento" de manzanas, las repartimos entre dos mochilas y emprendimos un caluroso regreso a Temuco, con unos buenos kilos extras en nuestras espaldas.

Como acotó Jaime, otro cerro se añadió a nuestras conquistas. Ya habíamos subido el Lolol Mawida, y esta vez el Repocura; quizás qué otro destino nos espera en el futuro... la cordillera nos aguarda aún...

Jaime y yo bajando el cerro Repocura

sábado, 7 de marzo de 2009

Viejos puentes ferroviarios: uniéndonos con el pasado

Saliendo desde Padre Las Casas hacia el camino interior por Licanco

Cuando se viaja raudo por la carretera, sin posiblidad de detención para observar algo que nos atrae la atención, como cuando nos trasladamos de un sitio a otro en un bus, muchas veces decimos : "me gustaría estar allí", o "algún día visitaré aquel lugar". En mi caso particular, que me atraen las antiguas obras de arte ferroviarias, cuando he viajado al Sur de Temuco he visto los viaductos y puentes que cruzan los ríos y esteros de la zona. La mayoría de aquellas estructuras de piedra, ladrillo y acero son viejos monumentos de la ingeniería del siglo diecinueve, que datan de la época cuando se contruyó el tramo de la vía férrea que unió las ciudades de Temuco y Pitrufquén, obra concluida en el mes de noviembre del año 1898.

Bifurcación Licanco-Maquehue

El sábado 21 de febrero de 2009, sin más compañera que mi bicicleta, salí desde mi casa con destino al puente ferroviario sobre el estero Pelales, en las cercanías de la localidad de Freire, con previas detenciones, como en el sector de Licanco Chico, en casa de doña Leudora Painén (para ver el estado de madurez de las manzanas "cabeza de niño", que me ofreció hace unos meses atrás), luego pasando por el puente Pichi Quepe, y, posteriormente, por el Quepe y el Huilquilco.

En Licanco Chico encontré a la señora Leudora haciendo dulce de mora. Las manzanas estaban casi a punto pero aún les faltaba una pizca de maduración, así es que quedé invitado para el segundo sábado de marzo para realizar una cosecha de esa rica fruta. Después de conversar con ella sobre sus antepasados, y sobre el lugar en el que su familia ha vivido por muchísimo tiempo, me despedí de ella para continuar a mi destino. En una anterior ocasión había visitado el puente Pichi Quepe, pero no había buscado la información del año de fabricación de ese mecano ferroviario. Bueno, en esta oportunidad pasé nuevamente al lugar a ubicar el dato, encontrándolo en uno de sus extremos. El fabricante fue la siderúrgica "Schneider et Cie", de Le Creusot, Francia, y la placa indica que su confección fue en el año 1896.

El "Pichi Quepe" (Quepe Chico)

El Quepe

El puente sobre el río Quepe me vio pasar nuevamente rumbo al Sur. Al pasar frente al recinto de la ex estación de ferrocarriles de Quepe no pude dejar de sentir pena al observar que un gran letrero anuncia la venta del recinto... Me detuve e ingresé al sector del patio de maniobras, cubierto de pastizales. Observé con tristeza al centenario edificio de la estación, y pensé : "¡Cómo me gustaría ser un Farkas, para tener el dinero suficiente para comprar este terreno con su construcción y restaurarla, y hacer una especie de restaurante con aires ferroviarios y de colonos sureños!". Tomé varias fotos, por que llegará el día en que todo aquello habrá desaparecido y con la posible demolición nadie reconocerá el trabajo industrioso y experto de las manos de aquellos constructores, carpinteros y albañiles que se aventuraron en Araucanía, finalizando el siglo diecinueve, para realizar tan resistentes y características obras.

Ex estación Quepe
Saliendo del pueblo de Quepe

Salí de Quepe y continué mi pedaleo hasta encontrarme con mi primera meta: el puente Hulquilco. Quería obtener datos sobre su fabricación, pero no hallé información en ningún lugar de su estructura. A lo más, el óxido de la superficie y una desprendida piedra de coronación del estribo Sur, aparentemente sacada de su lugar por inescrupulosos. Saqué abundantes fotos del lugar. Mientras desde la línea férrea fotografiaba el puente, me di cuenta que una camioneta se detenía y bajaba de ella un hombre que tomaba mi bicicleta. No estaba a una distancia muy cercana, como para partir a socorrer a mi vehículo, pensando que se la iban a llevar, así es que le hice zoom a mi cámara fotográfica para capturar la placa patente de la camioneta, y así tener una prueba de los "cacos". En eso estaba, cuando me percaté que habían tomado mi bicicleta sólo para disponerla en un lugar fuera del sendero en el que la había dejado un rato atrás, con el sólo propósito de no aplastarla con el vehículo motorizado. ¡Uf! ¡Qué alivio! Pero decidí que nunca más dejaría abandonada a mi bici, a una distancia a la que la pierda de vista.

Puente Huilquilco
Pese al calor del día, continúe mi viaje hasta el puente Pelales. El letrero anunciando el Peaje carretero de Quepe a 1000 metros, anunció mi llegada al estero que da nombre a los puentes ferroviario y carretero del lugar. Me acerqué al viaducto, lo observé por todos lados y tampoco encontré la identificación del fabricante, sólo óxido. Aparantemente el Huilquilco y el Pelales no fueron fabricados por "Scheneider et Cie", ya que ellos eran orgullosos de sus obras y le ponían una placa identificatoria a todo lo que enviaban desde Francia al extranjero.

Llegando al sector del estero Pelales

Estero Pelales
Puente ferroviario Pelales
Un par de horas en el lindo paisaje del entorno, y a la sombra de la vegetación que se encuentra a la orilla de la vía férrea, me repusieron del calor del día. Recorrí el puente, de un lado al otro, saqué una buena cantidad de fotografías; observé los postes de rieles que aún soportan las podridas crucetas de madera con los aisladores de loza y vidrio verde que llevaban los "hilos" telegráficos del pasado. Me encaramé en la baranda del puente, y desde la altura imaginé los sonidos y las imágenes de sudorosos trabajadores que con pala y picota dieron forma al terraplén sobre el que se hizo el tendido de la línea férrea, hace más de cien años; un trabajo efectuado por aquellos "carrilanos", nunca bien reconocido o ni siquiera recordado.

Un trabajador de vías de ferrocarriles "rebautizó" al puente...
Una vista, desde la Ruta Cinco Sur

A las cinco de la tarde emprendí el retorno a mi hogar, sin antes grabar un pequeño vídeo. Misión cumplida. Adonde sueño ir, allí iré...

lunes, 8 de diciembre de 2008

Una vueltecita por Cajón y sector El Natre

Hoy sábado salimos mi "yunta" Jaime y yo, rumbo a Cajón. La tarde del domingo yo había estado observando con Google Earth un interesante sector ubicado entre la localidad de Cajón, al Norte de la ciudad de Temuco, y Carillanca, a unos diez kilómetros al Oriente de Cajón, camino a Vilcún. Le había enviado un mail proponiéndole una salida al lugar, para fotografiar unos puentes ferroviarios que se observan en la fotografía satelital. Una llamada telefónica confirmó la salida, quedando de encontrarnos en el "trébol" de la Avenida de Los Poetas. A las 10:10 AM estábamos en el lugar, prosiguiendo por esta arteria hacia la Avenida Barros Arana, la que nos llevaría hacia la localidad de Cajón, por el antiguo camino hacia el Norte. Luego de pedalear por poco más de una decena de kilómetros, llegamos al puente sobre el estero Pumalal en donde tomamos fotografías del lugar, en especial del antiguo puente ferroviario del tramo concluído en el mes de diciembre del año 1892.

Puente sobre el estero Pumalal

Busqué la placa identificatoria del constructor, encontrando que aquella fue extraída -robada- de la viga, lugar en donde se encontraba originalmente.

Allí estuvo alguna vez la placa identificatoria del fabricante del puente
Estero Pumalal, al Poniente de los puentes

Prosiguiendo, entramos a la pequeña localidad de Cajón yendo hacia el sitio en donde se encontraba la estación ferroviaria. Buscamos el lugar en donde debería haber estado una pequeña y antigua tornamesa para invertir el sentido de avance de las locomotoras, pero un vecino del lugar nos informó que aquella obra ya no existía. Tomé una foto a lo que queda de la estación, observándose que la bodega de carga está convertida en una casa habitación de dos pisos, con un pequeño almacén de comestibles.

Recinto estación de Cajón

Regresamos hacia el Norte de la localidad, encontrando los restos de la línea férrea del ramal que conducía a la localidad precordillerana de Cherquenco, por el cual, décadas atrás, se transportaba la madera de los ricos bosques ubicados allá. La faja de ferrocarriles sale del pueblo, ya sin durmientes ni rieles, rumbo al río Cautín. Allí se encuentra aún la estructura del viaducto que cruza el río. Fotografiamos desde distintos lugares este gran puente, cruzándolo de un extremo al otro. Su extremo Sur está interrumpido por la ruta asfaltada que conduce hacia las localidades de Vilcún, San Patricio y Cherquenco.

Puente ferroviario sobre el río Cautín, en Cajón

Nuestro deseo era proseguir con nuestras bicicletas por la faja ferroviaria rumbo a otro puente ferroviario a unos cinco kilómetros al Oriente, pero fue imposible, debido a lo tupido de la maleza que la cubre.
Jaime fotografía una culebra muerta, sobre la faja ferroviaria que no pudimos recorrer

La culebra muerta

Tuvimos que continuar por la ruta asfaltada, hasta que encontramos un camino lateral que nos acercaría a la antigua ruta ferroviaria.

Un lindo camino ripiado y sin tránsito alguno nos condujo al sitio de la antigua obra de arte ferroviaria. El puente hoy consiste en los estribos de concreto, ya sin las vigas de acero ni nada más, sólo quedando las huellas de los lugares en los que estuvieron depositados los durmientes que soportaron los rieles. Allí procedimos a consumir parte de nuestro refrigerio. Recorrimos el solitario lugar y proseguimos por una ruta interior que nos comunicó con el lugar El Natre. En un encuentro de caminos Jaime divisó un papel pegado en un árbol, el que resultó ser la publicidad para un torneo de Rayuela, con los premios respectivos. Interesante es enterarse de cuáles son las entretenciones de los campesinos residentes. Desde aquel lugar accedimos nuevamente a la ruta asfaltada, pasando por la pequeña escuela rural llamada naturalmente "El Natre".

El lugar en el que se halla el resto de la estructura de un puente ferroviario

Camino interior, sector El Natre

Rumbo al Water Slide Park

Continuamos unos kilómetros más, pasando por la Estación Experimental INIA Carillanca, y llegando al frente del "Water Slide Park", lugar de recreación carecterizado por la figuras de dinosaurios. Allí descansamos y nos hidratamos; consumimos otros alimentos energéticos y emprendimos el regreso por la misma ruta por la que habíamos llegado hasta allí.

Acceso al Water Slide Park

Llegando a una intersección de caminos, decidimos continuar por otro, con la indicación de un lugareño que circulaba por el lugar. El camino era el resto de la faja ferroviaria que nacía en la localidad de Cajón, y nos llevó al sector Santa Rosa, en el que encontramos la ruta asfaltada que conduce a Padre Las Casas. Continuamos este camino, que bordeando el by pass y el río Cautín nos llevó al encuentro con la gran estructura ferroviaria sobre aquel río que separa a las comunas de Temuco y Padre Las Casas.

Camino a Padre Las Casas, sector Santa Rosa

Río Cautín, rumbo a Padre Las Casas

En Padre Las Casas, puente ferrovario sobre el río Cautín, al sur de Temuco

Poco más de cincuenta kilómetros, en cinco horas de viaje, fue el raid efectuado este día. Los lugares que más entretenido encontramos fueron el camino por el sector El Natre y el sitio en el que se hallaban los restos del puente ferroviario. Ésta fue otra gran oportunidad aprovechada para conocer lugares cercanos a la ciudad de Temuco.

Alineación al centro